Hay pocas recetas que en menos tiempo de preparación me hayan dado un resultado tan espléndido. Eso sí, la condición indispensable es que tanto el mejillón como el vino sean decentes.
Por su nombre, la salade cuite remite directamente a Francia, y sin embargo es un plato típico de uno de sus antiguos protectorados, Marruecos. Para aumentar el despiste, lo más parecido que se me ocurre en la cocina española es la piperrada vasca.
Tienen los colores de la ikurriña, pero en realidad he aprendido hacerlos en Madrid. Allí sortee como pude la dificultad del enrollado: hay que saber liar
La coliflor no gusta a mucha gente. Tomarla frita puede ser un buen vehículo de introducción en esta verdura, disfrazada con la marinada y el rebozado crujiente
A pesar de su nombre, el pomelo chino es bastante más dulce y menos ácido que el tradicional de aquí. Hasta hace poco era casi desconocido en las fruterías españolas, pero poco a poco va siendo más frecuente encontrarlo.
Les llaman “el falafel griego” porque llevan garbanzo y se fríen, pero en mi opinión las revizokeftedes son bastante más refinadas que sus parientes árabes
Las croquetas tienen una dificultad intrínseca: la bechamel. Si está muy espesa, saldrá un mazacote frito, ese horror que se sirve en tantos bares de España
La combinación de la coca crujiente con el pimiento dulce, la anchoa salada y el huevo, que modera los excesos de esos dos ingredientes, es un triunfo asegurado.