Los chinos no comen pekineses
Que los chinos comen perro es uno de los grandes lugares comunes sobre este país. Sin embargo, en Pekín todavía no hemos visto guau-guaus asaditos por ningún lado. Otra cosa es que nos hayan servido su carne en algún plato sin saberlo, que también puede ser.
Más bien lo que hemos confirmado después de una exhaustiva investigación sobre el terreno es que los perritos pekineses vienen realmente de Pekín. Esta raza es sin duda la favorita de los habitantes de la ciudad. Apenas ves a gente paseando perros de otras razas -me temo que éstos frecuentarán más las cazuelas y los hornos-. Pero los pekineses, con su pelo esponjoso y su morro chato, se aceptan como animal de compañía.
Sirva esta profunda reflexión como introducción a nuestro tercer día en la capital de China, en la que hicimos otro descubrimiento en el desayuno: la porra también se da en Pekín. Este pariente gigante y -que me perdonen sus fans- algo bastorro del churro tiene su versión china, como atestigua esta imagen:
Personalmente, las porras chinas me han parecido igual de grasientas y blandurrias que mayoría de las españolas. Por lo que estos días he preferido centrarme en otras delicias del desayuno del hotel The Emperor, que dicho sea de paso, está fenomenal y no sale muy caro (70 euros la noche).
Entre mis favoritos están estas costillitas de cerdo confitadas con soja, que se deshacen en la boca de puro melosas:
El bufé del desayuno tiene mucha comida occidental clásica (huevos revueltos, tostadas, fruta), pero lo más interesante son las especialidades chinas. Por ejemplo, estos bollitos al vapor rellenos de carne:
Y estas empanadillas a la plancha que se llaman jiaozi:
Por lo demás, la jornada de ayer resultó un pelín frustrante gastronómicamente hablando. Tras una agotadora pero emocionante excursión a la Muralla China, volvimos tarde a la ciudad. Queríamos comer algo rápido para poder descansar después, y entramos en el primer sitio que vimos con gente cerca del hotel.
Nos sentaron en una mesa compartida en el fondo del local, al lado de unos lavaderos bastante sucios y como con aguilla de fregar en el suelo. La mesa estaba guarra a más no poder, y lo siguió estando después de que la camarera pasara una servilletita de papel durante unos cuatro segundos en la parte en la que íbamos a comer.
Los compañeros de mesa estaban en sintonía, llevándose la palma una señora muy bruta con un niño, que debía de haber bajado de su aldea anteayer. La mujer desconocía las normas más elementales de la etiqueta: gritaba al crío con la bocaza llena rezumante de comida, se sorbía los mocos a todo volumen… Era una Flodder china en toda regla.
A esta señora la deberían contratar en alguna clínica de adelgazamiento, porque sólo de verle (¡y oírle!) comer su sopa con noodles se te quitaba todo el hambre de golpe. Así que nos tomamos un poco de lo que pedimos, que no estaba muy allá, con bastante aprensión, y nos fuimos pitando.
Otro fiasco
Por la noche estuvimos viendo la zona olímpica, que es realmente impresionante. Allí probé mi primer refresco chino, un presunto zumo de pomelo superdulce que no estaba mal del todo. Aunque lo mejor era el envase.
Después fuimos a un restaurante “cerca” que recomendaba la guía Time Out. “Cerca” en Pekín es a unos 10 kilómetros más o menos, porque esta ciudad es monstruosamente grande. Así que llegamos hambrientos y exhaustos después de varias paradas de metro y una buena caminata.
Se suponía que era un sitio de comida de las minorías étnicas del sur, pero más bien parecía un restaurante pijo de medio pelo. La comida estuvo bastante mediocre a la par que indigesta. Lo más interesante que comimos fueron estos brotes de caña de azúcar estofados con sésamo y chile:
Tampoco estaba mal la cerveza, de cuya marca no consigo acordarme:
Hoy me he propuesto dejarme de tonterías e ir a un sitio de comida típica pekinesa. Y probar el pato, por supuesto. Ya os contaré.














Creo que la cerveza es yanjing draft, la cerveza local de pekín
Hola! En cuanto a lo de comer perro, no es una tradición china, sino coreana. Sin embargo, puede comerse perro (yo probé la sopa de perro) en cualquier restaurante coreano, al menos en Pekín.
Puede que tengas razón, L, y que comer perro sea una tradición coreana más que china. Pero en un mercado en Yangshuó, en el sur de China vimos como vendían perro asado. La foto está en esta entrada: http://ondakin.com/en/2009/08/24/curso-de-cocina-china-woen-yangshuo/
Es curioso la gastronomia que se mueve por el mundo para nosotros los occidentales hay cosas que vemos fuera de lugar a la hora de comer, pero que pensaran los chinos cuando preparamos una paella de color amarilla cuando ellos son de raza amarilla, se pensaran que nos estamos riendo de ellos, la verdad es que esta divina, a pesar del color.
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