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Un festín por cinco euros

16 agosto 2009 Sin comentarios Por: Mikel Iturriaga Imprimir artículo

Hoy ha sido nuestro último día en Pekín. Me da pena no haber estado más tiempo en esta ciudad, porque a pesar de ser bastante fea e impracticable por lo gigantesca, hay tantas cosas curiosas que ver y que probar que podría quedarme tranquilamente una semana más.

La comida del mediodía fue bastante irregular, por no decir que no fue comida. El plan era picar algo antes de las 4, hora en la que yo tenía que estar en el hotel para entrar en directo en el A vivir que son dos días de la Cadena Ser. Pero aquí son bastante estrictos con los horarios y no hubo forma de encontrar un restaurante abierto de camino.

Así que nos compramos lo que pudimos en un Dia (sí, aquí también hay, y las cajeras son como las de allí pero en chinas). De primero, un snack de cacahuete con sabor a algas de inequívoca ascendencia japonesa, que estaba bastante bueno.

aperitivo cacahuetes

De segundo, manzanas y una fruta desconocida, que pretendía ser como una pera con textura de melocotón pero que no sabía absolutamente a nada.

fruta

Y de postre, yogur de coco y naranja y de melocotón, muy aceptables por no contener demasiado azúcar.

yogur coco melocoton

Es curioso el furor que hay por los lácteos en China, cuando nunca han formado parte de la dieta de los países de Extremo Oriente. Pero les deben de parecer muy cool por ser típicos de Occidente, además de símbolo de estatus económico.

El caso es que en muchas tiendecitas de bebidas puedes comprar estos yogures líquidos con pajita, para tomártelos como un refresco. Atención a la presentación: parece un producto tradicional cuando en realidad no lo es en absoluto.

refresco yogur

Para cenar elegimos un restaurante de comida típica pekinesa, el Jin Wei Lou (181A de la calle Dianmen Xi Dajie). Dimos en la diana al 100%. No nos dieron pato a la pekinesa porque era demasiado tarde, es decir, las 9 de la noche (aquí la gente cena a las 7). Pero todo lo que comimos fue excelente, y por un precio ridículo: 5 euros por cabeza.

El festival empezó con una ensalada de crisantemo. No creo que sea el mismo tipo de crisantemo que hay en España, porque estaba tan bueno que haría tiempo que habríamos dejado de ponerlo en floreros y nos lo estaríamos comiendo a puñados.

ensalada crisantemo

Seguimos con unas berenjenas rellenas de carne y rebozadas, perfectamente fritas y sin un gramo de grasa extra. Una pasada.

berenjenas carne

Las sopas no podían faltar en el menú. Nos sacaron una de pato bastante buena, pero la de tomate, huevo y pasta se salía. Recordaba un poco a la sopa de ajo, según alguno de los comensales, y era el típico caldo capaz de reconfortar a un muerto. Como podéis comprobar, el cucharón había pasado por las manos de Uri Geller.

Imagen 042_585x439

Para acabar, pedimos unas suculentas tiras de ternera asada que se deshacían en la boca, y que sabían todavía mejor untadas en salsa de tomate concentrada y una mezcla de especias.

tiras de ternera

En definitiva, que fue una despedida perfecta para esta gran experiencia que ha sido Pekín. Mañana salimos muy pronto hacia Lijiang, una ciudad que está en una región fronteriza con Birmania. Nos esperan cinco horitas de vuelo. A ver qué se come por ahí abajo…

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