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El aerobanquete futurista

5 agosto 2009 Un comentario Por: Mikel Iturriaga Imprimir artículo

banquete-futurista-1Puede que un fuselaje de cerdo, unas terrinas cubistas y una gelatina de Aeropuerto de Barajas no formen el menú más sensato del mundo. Pero una cena futurista no practica precisamente la prudencia y la moderación, sino todo lo contrario.

Con éstos y otros platos, un local de Hurley, cerca de Londres, . Esta comida, celebrada en Bolonia en 1931, fue uno de los acontecimientos más extravagantes del centenario movimiento vanguardista italiano, que detestaba lo tradicional y adoraba la velocidad y la tecnología.

La reedición británica del evento tuvo tanto de happening artístico como de experiencia gastronómica. La comida se sirvió en un ambiente que simulaba la cabina de un avión, con camareros vestidos de pilotos y camareras que se acababan transformando en bailarinas de charlestón de un cabaret estilo años veinte.

La cena incluyó delicias como terrinas de gelatina de zanahoria y brócoli, piruletas de pescado, un solomillo de cerdo con alas de pastel en forma de avión, o una reproducción de la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas. Y mucho alcohol, catalizador natural del frenesí futurista.

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El banquete fue más comestible que el original de 1931. Marinetti, Filia y otros adalides del futurismo tomaron entonces carne cruda picada de pollo y cerdo marinada en colonia y bañada en café, entre otras delicatessen, en el incomparable marco de la Casa del Fascio. La comida fue consumida a toda mecha como mandaban los frenéticos cánones de esta tendencia artística.

El futurismo fue una de las vanguardias más interesadas en la gastronomía. Sus defensores odiaban la pasta por encima de todas las cosas, porque para ellos simbolizaba la mediocridad del italiano decadente, aburrido y apalancado. Para sustituirla, proponían platos como la carniplástica (rellena de 11 legumbres verdes y embadurnada con miel) el alfabeto alimenticio (mortadela, queso u hojaldre cortado en forma de letras) o el pollo de acero (relleno con crema pastelera al vino tinto).

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Los futuristas italianos publicaron en 1931 un Manifiesto de la Cocina, donde defendían una comida creativa, de contrastes radicales e impregnada de actitud artística. Por delirantes que fueran algunas de sus propuestas -la “abolición” de los cubiertos, por ejemplo-, su voluntad innovadora fue precursora de la moderna cocina de vanguardia.

Marinetti defendía que las cocinas deben tener “pulverizadores de ozono para comunicar este perfume a los líquidos y manjares; lámparas de rayos ultravioleta para hacer más activas y asimilables las sustancias alimenticias; electrolitos, para descomponer los zumos y extraer un producto nuevo; molinos coloidales para pulverizar las harinas, los frutos secos y las especias en su máximo grado de dispersión; aparatos de destilación operando en el vacío, cazuelas de acero, centrífugas y retortas”.

¿A que parece que está describiendo El Bulli?

Vídeo del banquete en The Guardian

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Un comentario »

  • iñigo dijo:

    interasantisimo lo del menu futurista,como por otra parte todo acerca de este movimiento.Serìa divertido hacer una cena con bombillas,cañones y confundir la velocidad con el tocino.